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Mercedes está desarrollando su coche autónomo. BMW también. Un gigante de las tecnologías de la información como Google irrumpe en la industria con una propuesta similar. Y algunos intermediarios en los servicios de transporte de personas y cosas, también están invirtiendo grandes cantidades de dinero. Las evidencias sobre la revolución que se avecina son grandes. La gran pesadilla de la industria automovilística –o de los seguros, ya que hablamos de mercados auxiliares– es quedarse atrás.

Sin embargo, como toda revolución, ésta no está exenta de voces críticas. Especialmente si hablamos de los propios fabricantes. Al principio eran pocas, bastante moderadas y contenidas. Con el tiempo, y viendo que no sólo se van cumpliendo plazos, sino que en muchos casos se van reduciendo, tienen que ir asumiendo más a las claras posturas críticas. El último en hablar ha sido el CEO de Porsche en declaraciones que recoge el diario alemán Der Spiegel sobre una entrevista exclusiva concedida a la revista Auto Motor und Sport.

Matthias Müller dejó claro lo que piensa del tema. O lo que no piensa, más bien: “La conducción autónoma genera una expectación que es difícil de justificar.” Es humo. Demasiada información para poco que contar. Son declaraciones categóricas difíciles de justificar viendo el progreso que algunos fabricantes están realizando en esta área.

En todo caso, no debería sorprendernos que la cabeza visible de un fabricante de coches deportivos se muestre contrario a una tecnología que nos quiere dejar sin conductores. Poner en manos de algoritmos y procesadores las decisiones emocionales de la conducción que nos quieren vender algunos fabricantes resulta, para ellos, casi una disonancia cognitiva. Un sacrilegio.

En todo caso, no es fácil encajar este tipo de declaraciones en el seno del grupo Volkswagen. Sin ir más lejos, Audi anunciaba a principios de este año que un A7 había completado 900 kilómetros por carreteras norteamericanas sin demasiada intervención humana. Y el ministro de transportes alemán, Alexander Dobrindt, declaraba hace pocas semanas que la autopista entre Múnich y Nuremberg será un circuito de pruebas para la flota autónoma de Audi y otros fabricantes.

Matthias Müller no está solo en la casa. A su lado se posiciona también Martin Winterkorn de Volkswagen, que ya declaró en su día a una agencia alemana que la conducción autónoma era un “cataclismo histórico para el mundo del automóvil”. CEO al servicio de los intereses empresariales. La duda que nos queda es si son esos intereses empresariales coherentes con la realidad del desarrollo tecnológico.

Ha llovido ya y nuestra memoria es frágil, pero cuando empezaron a aparecer en el mercado los primeros coches eléctricos, Porsche también puso el grito en el cielo. Unas cuantas normativas de emisiones después, el discurso es otro. Ya hay híbridos en la marca y en el salón de Frankfurt que acaba de comenzar, Porsche presenta un vehículo franquicia cien por cien eléctrico para competir con la amenaza de Tesla. ¿Y quién está a su lado compartiendo plataforma –y baterías–? Audi, por supuesto.

Aunque es la presión del competidor americano la que los ha llevado a desarrollar este tipo de vehículos, desde Alemania siguen sosteniendo que pueden hacer coches “mejores que los Tesla en términos de experiencia de conducción, balance, suspensión y maniobrabilidad. A fin de cuentas, llevamos haciéndolo 100 años.”

Es el momento de negación. El Grupo Next lo ha vivido también en un entorno como el asegurador, en el que parece que era necesario llevar 100 años vendiendo pólizas para poder prestar un servicio adecuado. Y en el que, en cuanto se demuestra que se pueden hacer las cosas de otra manera, se empieza por negar la novedad y se acaba por copiarla. De innovador a rezagado en un par de ruedas de prensa.

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