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El fraude con las emisiones en EE.UU de Volkswagen por medio de una tecnología informática conocida como “defeat device” sigue expandiéndose y sus consecuencias parecen no tener límite por el momento. Esta misma semana ha producido la dimisión de su CEO, Martin Winterkorn, pero el sector de la automoción tiembla ante un posible contagio e incluso se habla de una crisis institucional en Alemania. Hoy mismo se publican nuevas acusaciones contra BMW por su motor diesel de 4 cilindros y todas las marcas se han sumido en un “respetuoso” silencio.

 

Angela Merkel está intercediendo para que el asunto no se salga de madre, y de hecho le ha pedido al fabricante alemán transparencia total, pero la realidad es que tras haber hecho perder un tercio de su valor en bolsa a Volkswagen y enfrentarse a una posible multa de 18.000 millones de dólares, la crisis por el fraude con las emisiones a la agencia estadounidense de protección medioambiental es una bomba que ha estallado en la cara del sector y de un país donde la confianza del “made in Germany” es sagrada.

 

Estamos ante la mayor crisis reputacional y de negocio que se recuerda.

Volkswagen michael hornLos primeros actos de este drama han seguido los pasos que dictan los libros de estilo. La primera reacción de la compañía alemana fue reconocer el engaño y pedir disculpas públicamente y sin ambages, el  jefe de Volkswagen en EEUU, Michael Horn lo dijo en román paladín: “La hemos cagado por completo”, confesó ante una abundante y sorprendida audiencia durante una presentación en Brooklyn (Nueva York). Poco después, el director general de la compañía, Martin Winterkorn, recogió en Alemania el testigo de las disculpas para “lamentar profundamente haber decepcionado a nuestros clientes y a la opinión pública”.

 

El siguiente paso ha sido la provisión de 6.500 millones de euros para hacer frente a las demandas, casi la mitad de los ingresos que tuvo Volkswagen en 2014 y sólo una parte de la que se espera será la multa más alta jamás pagada por una empresa extranjera en EEUU. Todo ello no ha sido suficiente para un mercado que no tiene piedad y en la cotización de las principales empresas del sector se nota el tsunami. La filial premium de Volkswagen, Audi, ha perdido más de un 10%, Daimler un 5,6% y BWM un 4% en el índice DAX. Las empresas francesas también se han visto arrastradas con una caída del 7% para Peugeot y un 6% para Renault en el CAC parisino.

 

Todo esto son costes económicos, pero la cosa no va a quedar sólo en el vil metal. Tras la dimisión del CEO de Volkswagen, que podría ser reemplazado por Matthias Mueller, CEO de Porsche, están las implicaciones geográficas, pues aunque el escándalo ha sido destapado al otro lado del Atlántico, Alemania, Corea del Sur y Francia ya han anunciado que investigarán lo sucedido. Se espera una investigación a escala europea, y de hecho la Comisión Europea (CE) ya ha instado a Volkswagen a aclarar los hechos por completo. Más importante todavía es la imagen de marca, la reputación, la confianza de los consumidores, costes intangibles pero de enorme repercusión en las ventas de un gigante como Volkswagen y que ahora debe trabajar a fondo para demostrar que pueden y saben estar a la altura de las circunstancias.

 

Todo empezó cuando se destapó el falseó en las emisiones de algunos de sus vehículos diesel TDI de cuatro cilindros mediante un diseño de software preparado para ocultar estas emisiones en las pruebas iniciales de conducción (defeat device), con el fin de cumplir con la regulación en esta materia impuesta por EEUU, que hasta la llegada de la Euro VI era más dura que la europea. Cuando los coches estaban ya en carretera, llegaban a emitir hasta 40 veces más el nivel permitido de contaminación, violando las normas de protección de la salud pública.

 

El #diselgate, como ya se conoce el escándalo en las redes, ha puesto en tela de juicio a estos motores y reabre el debate medioambiental y el modelo de los ciclos de homologación, y las emisiones de CO2 y de NOx son el verdadero fondo del asunto, y no son otra cosa que los compuestos químicos gaseosos formados por la combinación de oxígeno y nitrógeno responsables de una parte del efecto invernadero. Está demostrado que la exposición de corta duración a altas concentraciones de NOx puede generar efectos muy nocivos para la salud, y la realidad es que la particular combustión de los motores diésel hace que la emisión de NOx en estos sea muy superior a la emitida por los motores de gasolina. Un estudio realizado por el Ayuntamiento de Madrid en 2009 llegaba a la conclusión de que los turismos diésel emitían, de media, 3 veces más NOx por kilómetro que un turismo de gasolina.

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